Las gallinas que salen por las que van entrando

Según se dice en tierras castellanas “…hasta el 40 de mayo no te quites el sayo”. Lo que es decir “…hasta después de Semana Santa de primavera nada”. Y tal cual. La manida sabiduría popular no pierde su vigencia, impertérrita al paso del tiempo y a los intentos socavadores del olvido.
Así estamos en Madrid, mientras las petunias abren sus flores tímidamente y los geranios protestan al resto de los habitantes de nuestra terraza por la insuficiencia solar.
En otro orden del tiempo, La Coruña y Santiago de Compostela nos reciben con un sol asentado en su trono benevolente, agitando las aguas del Atlántico al compás de la cadencia gallega. Esa misma cadencia que nuestros cordiales anfitriones encarnan intrínsecamente, sin darse cuenta de que son, para nosotros, figuras difusas de parientes y pasados fantasmagóricos del Finisterre profundo. De esa idiosincracia que se lleva en la sangre y que no se puede quitar, ni manipulando nuestras células madre, convertidas en celebrities posmodernas.
Renovados de sol y mar zambullimos de nuevo las cabezas en el trajín becarial de lo cotidiano. Arrebujados el uno al otro, escribimos ponencias para congresos de título impronunciable y artículos para revistas que salen a borbotones de cada baldosa que levantás (como si fuesen pibes en vacaciones de invierno), leemos durante horas mientras vemos cómo la masa pestañil de nuestros ojos se va perdiendo en las ajadas páginas de libros extraños comprados por internet, discutimos nuestras pseudo ideas gastando termos de mate verdeamarello o caminando por parques madrileños del extrarradio, vacíos por impopulares… en fin…
De la realidad pura y dura, qué decir… (todavía tenemos la duda de si lo anterior forma parte de ésta). Entre páginas web, talleres literarios, redes de jóvenes investigadores, clases de salsa, yoga y caminatas se nos pasa la vida que nos mira con ojos desorbitados como diciendo ¿pero ustedes de qué van? ¿dónde están su casa, su auto, su primer hijo, su hipoteca, su ropa de marca, su cuota de gimnasio, sus alimentos orgánicos y de soja no transgénica (jajajaja, como si eso exitiera realmente…perdón por la interrupción), sus cinco idiomas, su aire acondicionado…su aspiración occidental a la perfección? Y como creemos que medio que se da por vencida, le devolvemos una mirada jocosa, la cual esconde (aunque ella no lo sepa) la lucha diaria de batallas mínimas que no por mínimas menos intensas.
En el medio del vendaval, la alegría de sabernos por las pampas en junio, la tranquilidad del bienestar de nuestra gente que pelea sin tregua, la fe en la vida y en las personas que hoy mismo vimos unidas en la lucha contra la matanza de pibes no nacidos, la esperanza de un regalo de Dios, la oración por aquellos amigos que lo necesitan y nuestro cariño fortalecido cada vez que sale de un agujero ventoso sin ecaleras, aunque sí con pasadizos secretos que llevan a la luz.
Y como todo sigue y pasa (ya lo decía el Rey Salomón, mientras degustaba una tostada embadurnada de dulce de leche), “las gallinas que salen por las que van entrando…”

Si leyeron hasta aquí, ver con paciencia Fotos de Idas y Vueltas

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