Quién lo dijera…

…para su consuelo,
que abajo estaba el pez en el anzuelo
y el Admirable Pescador arriba”.
La poesía era una de las pocas cosas que se le deban bien. No porque tuviera delirios de grandeza literaria, sino porque realmente entendía los versos sin mayor dificultad. Leía ese significado insignificable con naturalidad y emoción. Nunca había necesitado que nadie le explicase de qué iba la locura de compactar la belleza entre fonemas perdidos e irracionales.
Esta época del año le era particularmente cara. Ya sea por tradición, educación o experiencia, notaba cómo su ánimo comenzaba a mutar unos días antes, yéndosele de las manos. Sabía que su alrededor no comprendía bien estos cambios, que la melancolía de sus ojos les provocaba interrogantes que no se atrevían a pronunciar.
Con el tiempo había aprendido a descartar la posibilidad de explicar. Tenía la certeza de que muchos pero que muchos años antes, los ánimos también se habían oscurecido, las voluntades se habían quebrado, las negaciones a su vez habían invadido el territorio de la verdad. En este tiempo, nadie ni nada le quitaba la tristeza de saber que también ella había clavado esos clavos.
Más allá de todo, mucho más allá, sus ojos vislumbraban el atisbo de la muerte que en su rictus innombrable descubría la amargura de haber sido vencida para siempre. Y eso la consolaba, como en el verso de Marechal.
Después de todo, la rosa blanca que mueve al mundo florecería una y mil veces para perfumar la desidia y la barbarie de la humanidad, inyectando con sus espinas el mandato más esencial. Faltan pocos días para que esa promesa se cumpla y le ponga patines a los pies de la amargura.
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5 comentarios on “Quién lo dijera…”

  1. R. dice:

    Y con suerte podría pasarle a la amargura lo que me pasó a mí la última vez que usé patines. Tal vez con un brazo roto se cansa de joder de una vez por todas.

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  2. Melusina dice:

    Anónimo, en obvio que sabe de lo que habla, los patalines le agradecen el gesto. enamoradamentemelusa

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  3. Melusina dice:

    Don R., ya va siendo hora de que eso suceda, no? Aunque la existencia de la amargura demuestra la belleza de la alegría… No digo que haya sido una alegría lo suyo, que no, más bien fue un bajón, pero lo que quería decir era que… bueno, usté mentiende no?besos resurrectosmelusa

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  4. Elena dice:

    ..padecer y caminar…y siempre el misterio de la rosa blanca asomando en el horizonte

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  5. Ahora que releo tu entrada, veo, en efecto, qué importancia tiene la mirada en ella… Con la mirada del de Arriba vemos lo que no se ve.

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Bla

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