“Quiero más una libertad peligrosa, que una servidumbre tranquila…”

Como siempre ocurre, la Zambrano dispara sus dardos sin pensar siquiera en si habrá una diana en el otro extremo. Eyecta veloces pensamientos en formas ya gastadas hoy, hasta inverosímiles en esta liquidez. Sin embargo, impactan de todos modos porque se van deshaciendo en el aire de sus capas metafóricas para acabar estrellando su núcleo revestido de clave. Porque la clave aquí es la peligrosidad.

Es esa suerte de unheimlich que te acecha desde ese oscuro rincón polvoriento en el que todavía sos persona, en el que te rescatás de la violencia para sentir en la sangre que todo esto no cierra. Ese peligro que te recuerda de vez en cuando que no estás hecho, corazón, que estás muy lejos de encajar en el esquema. Y sabés, claro, que no hablamos de la libertad de detestar a Benedetti, de tomar insanas cantidades de café al día, de no comer OGM o de ser un pseudo activista del open source y del copyleft. No. Intuís que hay otro espacio en el que los dispositivos nazinormativos cortocircuitan, en el que se produce un apagón monumental que te deja desnudo frente a lo libre que es el otro.

Sabés que la priva(tiza)ción es el nuevo dracma, y aunque te distraigas comprando libros y hablando con gente que ha vivido en París seis meses (oh! la autoridad moral del que “vio las cosas desde afuera”), te chirría y te jode, porque sí señor, de algo te están privando. Pero ya no interesa tanto la indecibilidad de eso que te arrebatan en cada publicidad de Cif -con sus cinderellas anacrónicas e insultantes-; la definición vendrá después, como el olvido. Lo que importa es que ves cómo esos espacios originarios se van vaciando de luz. Y palpás el peligro. Y penetrás el peligro. Y te hacés carne con él.

Y allí quizás también tiembles, aguardes, llores… Porque si hay peligro es que hay algo que salvar. Y aunque la servidumbre sea inescapable, la clave de la peligrosidad es, posiblemente, el metal primero con el que se vaya fundiendo la llave que abra ese rincón polvoriento en el que todavía sos persona.

Mientras, escuchás esto…

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