Idealismo

I.

Hacés todo al revés,
me decías
desde el otro lado del espejo.
Pensabas en dibujarme hilos y agujas.
Se te veía en los ojos.
Pero el cristal no se rompe
y se te estrellan las manos.
¿Te duele? No más que a mí, no.
De este lado el dolor es mi tesoro,
no te metas.
No podés atravesar nada ya.
Al revés te veo con los ojos en blanco.
Blanco redondo como tu estatua
de mí.
Y suspiro fuerte, acompasado.
Así te empañás un poco, te descamás.
Blanco y celeste como un tótem
visto desde arriba. Chiquito.
Y aún así…
Invisible,
dibujás.

II.

Dejo de limpiar las huellas
del aire.
¿Para qué?
Me ves igual, de todos modos.
Seguís labrándome
a base de martillo y agua.
No cuenta lo que no ves,
cuenta el blanco redondo
de sal.
Los ojos en lugar
de las piernas.
Y así.
Los hilos en lugar
del tejido.
Y así.
Alicia se me ríe
a los gritos.
El conejo no.
Y yo
no limpio los espejos de este lado
nunca más.

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