Abril es el mes más cruel…

…mentira. tremenda e insidiosa mentira. lo que ocurre es que allá, del otro lado del espejo, es primavera. y yo puedo entender que la primavera sea cruel pero, ¿sabés qué pasa, Eliot? que el otoño sencillamente no puede serlo. vos decís que Abril mezcla memoria y deseo, que el invierno nos mantiene abrigados y que por eso, por esa desnudez sin frío, la primavera se hace extranjera. podría ser. yo no voy a discutirte el regodeo de tus palabras en la crueldad que sostiene los surcos de tu pulsión nostálgica. ¿quién soy yo? pero sí permitime que te contradiga en el enfoque. porque yo lo veo justo al revés, ¿sabés?, justo del lado be del prisma. acá el otoño es quizás el cuadro más bonito del mundo. ese que nadie pintó, que nadie le sustrajo a la historia para exhibirlo ante la idiotez efímera del que se abandona a ese rito de pasaje que es la vida. acá el otoño es marea quieta. es no saber qué canción ponerse y ponerte la que más te gusta. una cuchilla sin filo a la que aún le brilla la sangre escondida que alguien se encargó de limpiar, de hacer desaparecer. una piel de oso que vino en un baúl cargado de ridículas historias de pequeñas personas de ridículas tierras que abrigan y calman y apuntalan desde la ternura histórica de su ridiculez. Eliot, para que me entiendas: acá el otoño es la serenidad de haber empezado junto con la certeza de que todavía falta. es el banderín amarillo y negro del mar; dudoso pero metámonos. hay algo de invitación turbia en nuestro otoño, algo de perversión. ya sé, no es como tu primavera porque, ¿ves? lo raro, lo que el otoño todavía esconde no puede ser cruel. es verdad que te mira desde un rincón indescifrable que puede inquietarte un poco pero eso no es crueldad. en todo caso es silencio.

yo no sé si alcanzo a explicarte. quizás tendría que haber escrito un poema versionando el estilo de El sermón del fuego. se me hace que compartiendo un fragmento de tu paleta de colores podría ser más clara, más penetrante. hubiese sido bastante ambicioso de mi parte, un poco descarado. hagamos una cosa: cuando caiga acá la primavera te prometo que lo escribo y te lo mando. creo que sólo podrás entenderme si el intercambio es simétrico, si hay cierta equidad atmosférica. quizás así pueda hablarte más y mejor del corazón ominoso de nuestro otoño, de los amores que te regala, por ejemplo. esos que no podrían suceder en verano porque son más lúgubres y serios; ni en invierno porque no son lo suficientemente abrigados y calientes; o en primavera porque, bueno, ya sabés. son otoñales porque guardan secretos, porque se callan. porque alcanzan un nivel de perversión dulce, acompasado. porque apaciguan el desborde del calor precedente y estimulan las raíces de lo que viene; son más profundos y muy peligrosos. dudosos, como el mar.

en fin, Eliot, no quiero distraerte. entendí que era necesario decirte que estás equivocado, que a veces es interesante que alguien te salpique un poco de perspectivismo. que para la crueldad todavía nos falta, al menos en este lado del espejo. te saludo en la seguridad de que recordaré mi promesa porque concuerdo con lo que alguien dijo una vez: ‘ni Dios puede deshacer lo que ya está hecho’. te guardo alguna hoja que rescate del silencio; ya me dirás algo.

 

The Waste Land, abril de 2014.

[bajo la inspiración y el abrigo de la Playlist Otoño #1, by Gaby Glazer en su Morocco]

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