Para Horacio

estamos de acuerdo en que los antiguos, a falta de internet y drones, disponían de mucho tiempo para pensar; la contemplación, el ocio, el espacio interior como valores con gran piné en la jerarquía. desde mi idealización romántica ese ‘mucho tiempo’ es una imagen de gran belleza, pero lo cierto es que incluso el exceso tiene consecuencias que acaban con el amor. un caso es el de los Fastos de Horacio, en donde afirma que es una ridiculez el hecho de que el año nuevo no comience en primavera. bueno, Horacio. yo entiendo que la lógica del renacer, de la ‘vid preñada’ y de la inauguración de una nueva fase del tiempo es casi irreductible. pero convengamos en que tus quejas no son más que el resultado de disponer del tiempo excesivamente. porque, claro, del otro lado de tu mundo el año nuevo no empieza ‘con estos fríos impiadosos para la vida’, acá estamos asados por el fuego de un sol que así como engendra, mata.

sé que falta mucho para que aparezca la polifonía, el perspectivismo y el ‘habitar las multitudes del sentido’, pequeñas marcas de historia que vinieron a reescribirte la tradición, lo sé. y que no puedo juzgarte desde ellas porque las ucronías metodológicas nunca han llevado a nadie a buen puerto. pero intuyo que detrás de tu reclamo se esconde lo que se nos esconde un poco a todos: la duda; si algo puede ser de otra manera, ¿por qué sencillamente no lo es? y vengo a contarte que, a pesar de los siglos y la sustitución constante de seres humanos, en eso -en la duda- estamos parados al lado tuyo mientras escribís tu Arte Poética.

en los inescapables balances del año viejo, de ese pedazo de mundo que queda atrás constituyendo lo único que somos, memoria, nos situamos en aquello que no fue de una forma determinada, que nos acomodó el sopapo certero e indiscutible de la frustración. a veces nos preguntamos por qué, otras no llegamos más que a rascar la piel percudida de la resignación. la incertidumbre (negación de la exactitud de lo cierto) nos atraviesa para atrás y para adelante, como una flecha sin punta, sin diana en la que penetrar, sin herida evidente. y así, el pasado se nos retipea en un loop acompasado pero imparable, en una pantalla a la que le damos la espalda y de la que sólo nos llega un ademán refractario de luz. la duda de la existencia como verdadera duda existencial…

hace un rato tuitié un verso que le atribuí a Pedro Salinas porque él me lo inspiró y porque miento abiertamente cuando el resultado de la contaminación no me convence. algo parecido a lo que vos hiciste con el pánfilo de Virgilio cuando eras aún muy joven. ‘ser como un niño cada vez que algo termina, deshacerse de amor y de odio y volver al tiempo’, dice. ese tiempo corrido del que vos hablás, esa temporalidad out of joint que hace que el año nuevo no empiece en primavera es, ahora y desde esta textualidad mía, mucho más coherente que en el primer párrafo. porque sí, en nuestra conversación imaginaria, tenés razón: el tiempo no puede ser más que lo excesivo de la existencia.

felix sit annus novus, Horacio.

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