La adecuación del amor

‘el amor no es más que la adecuación insuficiente del otro en mí’.

Emmanuel Lévinas

es una mañana hermosa, de esas que deberían ser permanentes, ancladas. esta luz me encuentra una vez más leyendo. creo que en estas semanas leí como hacía tiempo que no lo hacía. tengo la suerte de ser lectora de personas talentosas y capaces pero sobre todo auténticas, alejadas de los manifiestos y las normativas, de las gramáticas muertas; vecinas de la emoción que atraviesa y que por encontrarse con esa libertad insufla en la inteligencia la capacidad de decir y decirse. sin embargo, a veces ser testigos no es suficiente y hay que arremangarse para poder también decirnos con los otros porque la palabra del otro, aunque nos contenga, navega siempre en la imposibilidad de precisarnos. por suerte.

encuentro, entonces, que para decirme en estos días, para decir algo que precise mis aristas de algún modo, tengo que hablar del amor. del amor que ha sido usado como figura de campaña, de la noción del amor instrumentalizada, como una pinza de mangos gastados de tanto dar vuelta las tuercas. y veo que la banalización descarnada del amor viene de un solo lado, del lado que nos propone ver la realidad -y por tanto vernos- como individuos que habitan la superficie de un mundo que puede cambiar y arreglarse con una sonrisa y un globo amarillo porque en el fondo somos muy poco, somos criaturas atomizadas y simples que pueden construir su vida sobre la satisfacción efímera de sus pulsiones. y si esto es así, si se verifica en la realidad como ya lo hemos hecho si queremos acordarnos, resulta que nos pega en la cara la certeza de que sobre lo efímero sólo se construye una parte ínfima de la subjetividad. el resto de las partes, las más importantes, las que nos hacen lo que somos, quedan abandonadas, entonces no pueden cruzarse con otras subjetividades, no tienen con qué. ahí es donde el bien común desaparece y nos explota adentro y afuera, nos estalla un país. no hay nada común que pueda construirse sobre lo efímero de la satisfacción. eso no es amor, eso es un Narciso disfrazado de cordero que jamás va a renunciar sus banderas y que no sabe nada de la entrega.

del otro lado hay otra cosa. pero la hay definitivamente, de manera real y concreta. del otro lado hay una noción de un otro, de una otredad que está destinada a cruzarse, a aparearse profundamente con las otras otredades, a vincularse con ellas de todas las formas posibles porque no puede hacer otra cosa. es constatar lo que es y estar en el mundo a partir de eso. es pertenecer a una historia de otredades cruzadas, de generación de espacios vitales para que eso ocurra. si existe, entonces, la consciencia del otro ya no hay lugar para la satisfacción efímera, recortada y amarrocada para sí. en esa consciencia se juega ya la satisfacción del otro tanto como la mía, se juega la necesidad de construir algo que perdure, un puente constante y mantenido entre nosotros y los otros para que podamos seguir cruzándonos y para que los que vienen tengan donde caminar. ¿es eso el amor? no necesariamente, no lo sé tampoco. pero sí sé que es una forma del amor. de un amor que es susceptible de ser instrumento pero que no es instrumentalizado. de un amor que no nos pone en un lugar de poquedad y pequeñez, que no nos distorsiona, que nos hace grandes. de un amor más… adecuado.

lo cierto es que no me importan tanto las figuras que hoy representen un lado y el otro. son eso, figuras humanas que desempeñan hoy esa función histórica como todos representamos la nuestra cada día. sí me importa lo que llevan consigo que es en definitiva lo que nos van a dejar. y llevan consigo dos formas del amor claramente opuestas, dos nociones del otro (que es la razón total de la existencia del amor) contrapuestas, diferenciadas. poder trascender lo figurativo es quizás una de las cosas más complejas que haya, pero necesito invitar(nos) a hacerlo, a entender lo que es de verdad el sustento de la Historia, lo que construye y lo que destruye, la forma del amor que está detrás de cualquier máscara que elijamos ser.

siempre fui peronista precisamente por eso. porque más allá de Perón y de Eva, más allá de Néstor y Cristina, hay una noción de la otredad que construye una tradición histórica instalando un loop en el que si veo al otro me veo a mí y eso hace que NOS veamos juntos. hay una forma del amor que dista profundamente de ser aquella que lo pueda definir, de ser totalizadora y perfecta, pero que es sin dudas mucho más… adecuada.

no somos simples y pequeños. no queremos ni podemos darnos el lujo de que nos distorsionen el amor y nos rompan adentro y afuera. somos siempre el otro del otro y nos necesitamos. por eso el domingo voto a Scioli.


aniversario

el otro día (en una conversación de esas pocas con péndulo; de las que se mueven elegantes y autosuficientes entre los vaivenes de lo elevado y el maravilloso polvo de lo trivial) dije que hablar del espacio es casi como hablar del movimiento y que, en realidad, eso no es más que hablar del tiempo. se lo robo a Bachelard, está claro, porque en cada divague que más o menos valga la pena siempre está involucrado -como una condena geográfica- un filósofo francés.

hoy cumplo años y en ese acto paso una barrera que me permite nadar entre ciertas obviedades y tautologías por el simple hecho de que me voy convirtiendo cada vez más en una suerte de testigo de la memoria, de guardiana del recuerdo. ya han pasado muchas cosas, no todas, pero sí un cúmulo de cierta entidad que reclama su lugar a la manera proustiana, que exige la ocupación de un territorio profundo y fértil sobre el cual sostener los fotogramas del presente porque el futuro- oh, el futuro- no es más que la imposibilidad del ocurrir. ave, melancolía.

el tiempo, entonces, esa cosa indecible y filosa que va cortando la carne y cicatrizando el alma, produce sus epifanías de calendario evidentes pero a la vez se escurre de toda razón porque nunca deja, no puede, de ser lo que se estrella una y otra vez contra la realidad de la existencia. y, sobre todo, lo que esquirla violentamente los huecos de la posibilidad de la ausencia, de lo que se pierde. estuve, en este tiempo, ante esa posibilidad aún en el grito extremo de la pulverización que es la muerte. y mirándome las arrugas y detectando incluso lo que hay de belleza en que se te vaya cayendo el culo, no puedo más que linkear todo eso que llamamos burdamente vida con el único envase que le cabe, con el único envoltorio que nos permite la ilusión del conocimiento y la autoconsciencia: la memoria.

Zambrano dice que la memoria es al cuerpo lo que la poesía a la vida, es decir, la única manera posible de estar en el mundo, de ser un viviente ante la muerte. y decir la vida, parece, es lo que nos queda como pausa, como epojé ante el tiempo y su pulsión engañosa e insolente y oculta a plena luz del día. me gusta pensar la memoria como la estructura de la posibilidad, como el cristal de aquella copa que contiene el líquido rojo de lo que pasa por la experiencia y que, precisamente por la mediación de su esmerile, nos permite verlo, dimensionarlo. porque, como dice Nick Cave, siempre estamos volviendo a los espacios transitados que nos hicieron felices para poder reproducirlos mejor, para aggionarlos con nuevos amores y texturas y jirones de futuro.

pienso que guardiana de la memoria podría estar bueno como bio de tuiter pero prefiero reservármelo para esta revolución solar, para apuntalar todo lo que he hecho conmigo hasta aquí, es decir, lo que único que soy, y que eso lubrique el pestillo de mi ballesta arrojada hacia adelante, hacia la nada, hacia la muerte, hacia el colmillo del tiempo que, espero, me lacere y me rompa y me haga sangrar mucho más.

‘Todo hace el amor con el silencio.
Me habían prometido un silencio como un fuego, una casa de silencio.
De pronto el templo es un circo y la luz un tambor’.

Alejandra Pizarnik


Para Horacio

estamos de acuerdo en que los antiguos, a falta de internet y drones, disponían de mucho tiempo para pensar; la contemplación, el ocio, el espacio interior como valores con gran piné en la jerarquía. desde mi idealización romántica ese ‘mucho tiempo’ es una imagen de gran belleza, pero lo cierto es que incluso el exceso tiene consecuencias que acaban con el amor. un caso es el de los Fastos de Horacio, en donde afirma que es una ridiculez el hecho de que el año nuevo no comience en primavera. bueno, Horacio. yo entiendo que la lógica del renacer, de la ‘vid preñada’ y de la inauguración de una nueva fase del tiempo es casi irreductible. pero convengamos en que tus quejas no son más que el resultado de disponer del tiempo excesivamente. porque, claro, del otro lado de tu mundo el año nuevo no empieza ‘con estos fríos impiadosos para la vida’, acá estamos asados por el fuego de un sol que así como engendra, mata.

sé que falta mucho para que aparezca la polifonía, el perspectivismo y el ‘habitar las multitudes del sentido’, pequeñas marcas de historia que vinieron a reescribirte la tradición, lo sé. y que no puedo juzgarte desde ellas porque las ucronías metodológicas nunca han llevado a nadie a buen puerto. pero intuyo que detrás de tu reclamo se esconde lo que se nos esconde un poco a todos: la duda; si algo puede ser de otra manera, ¿por qué sencillamente no lo es? y vengo a contarte que, a pesar de los siglos y la sustitución constante de seres humanos, en eso -en la duda- estamos parados al lado tuyo mientras escribís tu Arte Poética.

en los inescapables balances del año viejo, de ese pedazo de mundo que queda atrás constituyendo lo único que somos, memoria, nos situamos en aquello que no fue de una forma determinada, que nos acomodó el sopapo certero e indiscutible de la frustración. a veces nos preguntamos por qué, otras no llegamos más que a rascar la piel percudida de la resignación. la incertidumbre (negación de la exactitud de lo cierto) nos atraviesa para atrás y para adelante, como una flecha sin punta, sin diana en la que penetrar, sin herida evidente. y así, el pasado se nos retipea en un loop acompasado pero imparable, en una pantalla a la que le damos la espalda y de la que sólo nos llega un ademán refractario de luz. la duda de la existencia como verdadera duda existencial…

hace un rato tuitié un verso que le atribuí a Pedro Salinas porque él me lo inspiró y porque miento abiertamente cuando el resultado de la contaminación no me convence. algo parecido a lo que vos hiciste con el pánfilo de Virgilio cuando eras aún muy joven. ‘ser como un niño cada vez que algo termina, deshacerse de amor y de odio y volver al tiempo’, dice. ese tiempo corrido del que vos hablás, esa temporalidad out of joint que hace que el año nuevo no empiece en primavera es, ahora y desde esta textualidad mía, mucho más coherente que en el primer párrafo. porque sí, en nuestra conversación imaginaria, tenés razón: el tiempo no puede ser más que lo excesivo de la existencia.

felix sit annus novus, Horacio.