/otoño>

existe
la siguiente teoría:
en todas las canciones,
en todas las películas,
en todos los versos
hay una mujer
mujer
despertando
en pertinente claroscuro
bañada por la luz del sol
que destaca
sus hombros
y sus ojos
que giran
irremediablemente
hacia quien la mire
quien
para que le diga
(le diga)

que es beata
como una mañana
de navidad
–> o
luciferina
como el sol
del último día
del mundo.

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estás en la playa
lejos de mí
veo tu piel
encendida
me rasco el cuello
porque te pica
el viento del sur.
agarrás mi mano
como sostén
para echarte al sol
te suelto el corpiño
estirás mis piernas
miramos
lúbricas
al niño
te callo en silencio.
me limpiás la boca
te muerdo los hombros
porque me arden
me dibujás el sol
en tu cuadrante leo
imprimís en mi arena
tu ascendente piscis.
te unto de azafrán
mis muslos
te alcanzás
con mi piel.
entramos al agua
contengo
tu respiración
me brillás
la espalda
y somos el mar.

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luciferinas

 

qué tristeza morirme

sin haber visto todas las catedrales del mundo, pienso,

mientras una cerveza barata se calienta en la mesa

y todas las caras van tomando la forma del infierno

porque sólo hay tiempo para eso.

levanto los ojos del piso de damero que me come

y puede que sea la primera vez que las veo así, luciferinas.

no son el infierno, me digo,

son el reverso del brazo condenatorio de la luz.

tienen manos grandes como pinzas

porque están del otro lado del mar y lo saben todo.

tan grandes como para contener el hueco de ese bar infernal

y esperar a que pase la certeza de que nunca podré salir.

mientras ellas observan, hago pases de magia

para no ver las flores muertas que en realidad

son totales blancos; jazmines que yo veo grises.

el tiempo no es más que la existencia de la muerte

y pasa y ya no recuerdo.

sólo sé que el damero se achica

y una luciferina estira el brazo

y me dice vamos a la catedral.

me vuelve el cuerpo y no,

me resisto a que sean tan hermosas,

a que tengan el poder de salvarme.

salimos. el aire del mar llega de lejos y condena la tristeza.

ya son tuyas, me dice, poneles nombre para siempre.