Ancestros – Capítulo I

A partir de la fecha, me propongo apuntar algunos datos sobre ciertos constructos culturales que nos rodean, para desasnar adormecidas mentes y ocupar parte de mi tiempo en lo que mundialmente se conoce como “boludeces extremas.”
Dándole la bienvenida a la Navidad entre hojas de muérdago artificiales, bolsas de El Corte Inglés y caras de estrés por no haber llegado a comprar el regalito para la novia del hermano del jefe, observo que muchos medios de comunicación intentan lo que ellos llaman “recuperar el verdadero sentido de la Navidad”. Es decir, advertir a los espectadores de los peligros vacuos de un consumismo salvaje y del agarratecatalina.com que supondrá la tan temida cuesta de enero. Del verdadero sentido, como verán, ná de ná.
Cuestión que, harta de verle la cara a Papá Noel, recordé vagamente la historia del ícono cocacolense que, como bien han notado ya, poco tiene que ver con la caricatura capitalista que recorre el imaginario occidental.
Con todos mis respetos a San Nicolás (obispo turco del siglo IV canonizado luego del concilio de Nicea; patrono de Rusia y Grecia), debo decir que mal han guardado sus reliquias puesto que en el siglo XI, malhadados mercaderes italianos que pasaban por Mira robaron algunas de sus reliquias y las llevaron a Bari, con lo que esa ciudad, donde el santo nunca había puesto los pies, se convirtió en centro de devoción y peregrinaje, al punto de que hoy el santo es conocido como San Nicolás de Bari.
La tendencia devocionaria al santo turco quedó interrumpida con la Reforma, cuando el culto a Nicolás desapareció de toda la Europa protestante, excepto de Holanda, donde se lo llamaba Sinterklaas (una forma de san Nicolás en neerlandés).
Con poca fortuna, los holandeses que emigraron a los Estados Unidos en el siglo XVII se llevaron su imagen que, sin pausa pero sin prisa, quedó reducida a lo que hoy alimenta nuestro constructo navideño. Ja.
Lo dejamos acá, mejor. Sólo resta desearles una feliz Navidad y transmitirles la mayor alegría que puedo compartir hoy: “Nos ha nacido un Salvador, que es el Mesías, el Señor.”
Para disfrute del 25 (cuando uno no se puede mover porque tiene toda la sangre en el estómago) les dejo un precioso cuento: http://www.ciudadseva.com/textos/cuentos/rus/dosto/arbol.htm
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